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CosmogonÃa: “aproximación a…â€, parte 1ª
Toda esta historia procede, como casi siempre por otro lado, del principio de los tiempos, en ese punto intermedio entre el orden y el caos, la utopÃa y la realidad, la verdad y la fantasÃa; o sea, del sueño que tuvo un niño, un niño que miraba un grupo de muñequitos musicales. En realidad nunca supo si él soñaba con aquellos muñecos o ellos le soñaban a él… De cualquier manera, aquel niño, como cualquier otro niño, contaba con un Loco del Sombrero, con un Alquimista, un Negro cimbreante y un Sastre de Cañones. Y el niño los puso a tocar y a cantar: sonaba algo asà como “sólo queremos cantarâ€. Y el niño decidió que aquello era bueno.
Los muñequitos empezaron a cantar y bailar por doquiera que fuesen, amenizando la noche de los vecinos, de los curiosos que paraban por la calle a escucharles, de algún que otro gato despistado de esos de cola partida que acechan los tejados. Y, con un poquito de tiempo, una ramita de suerte y una cucharada de impaciencia, éstos salieron a la vida, como suele ocurrir con los muñecos bien adiestrados por sus dueños. Y en la parada del autobús, mientras esperaban para coger el ocho o el nueve, ahora no recuerdo, se encontraron con una linda Aprendiz de Hechicera que subieron al barco (ejem, perdón, la barca…). Junto al Escucha del Viento inventaron nuevos colores, probaron los sabores de las notas musicales, interpretaron las razones de los perros…
Juntos crecieron y empezaron a darle vueltas al mundo y a la cabeza, a analizar el concepto de “La Barca de Suaâ€, utilizado por el doctor Jahra Zen en su análisis mitopoiético de la historia de Simbeck, todo un referente, como se sabe, de vida viva, de lo verde, de la lucha sencilla y solidaria contra la muerte que nos venden, del viaje que nos lleva. Y es que, como dice Zen, “hay que tener siempre el volar de asonarse al fruturo con las hojas bien abiertasâ€.
A partir de aquÃ, con la bodega siempre llena y las ideas bien claras, levaron anclas para despedirse de aquel niño prÃstino, pero siempre llevándolo bien cerca del corazón de trapo y la memoria de lata. TodavÃa, si les enseñas una foto de él, sueltan alguna tierna lagrimita al compás de las olas del viento y las ráfagas de sol.
Son de MaÃz
Hay un barrio llamado Libertad,
donde el ruido lejano del mundo no entiende porqué es asÃ.
Hay calor, hay gris,
son del sol de maÃz.
Fueron grandes, su fuerza ahora lejana,
tala bosques, crece capitales.
En su ser hay sudor,
en su casa casi nada.
Vienen y juegan y se van,
viven y el tiempo es una espera.
Andando miran hacia atrás,
se miran juntos y se muestran
acariciándose en bicicleta
y Centroamérica está enferma
y no se cura su remedio
con panfletos solidarios
ni con sobras de otros, no.
Calle recta y desordenada
cuida a niños y acianos ilusos, educa para pedir.
Calle sin color,
cielo azul, nube blanca.
Ricos, pobres, ciegos o analfabetos,
vivos, libres, buenos o sin categorizar.
Todos son de acá,
yo soy de allá y no soy nada.
Vienen y juegan y se van…
Vuelan las miradas transformadas
y el aire en la cara se asoma a la ciudad.
Crecen las polÃticas sin sueños,
los secretos pasajeros, los mareros y el posol.
Cuentan las historias mal contadas,
las palabras olvidadas por efecto “resistolâ€.
Vuelvo a la burbuja acristalada,
las ideas fuertes y claras. Vuelvo a la culpa del dolor.
Personajes
Bogotá Sur
Bogotá Sur pues es como todo buen sur
que se precie de tal:
Italia Sur, España Sur,
Grecia o Asia del Sur,
Ãfrica, América del Sur…
Sur de basur, de absur
Desurbanicexprimesur
Tipicolormiserisur
Costrocalor Subdesarsur
Duro, eterno subsur solar
siempre curioseado, pisoteado
y algo asà como vagamente amado por
los señores del Nor.
Fernando Quiñones


