
Viernes 23, Sala Moby Dick (Madrid)
Compra comida, recoge la furgo, carga los instrumentos, mira el reloj, prepara los bocadillos, vente de Castell a mil por hora, y todo listo para salir, mientras tanto llama por teléfono a unas y a otras para que te recojan los digipaks (menos mal que el Angelito “Dounkan” está ahà pa lo que quieras), arte to los kilómetros de aquà a Madrid (tus cinco horas) riendo a veces de nerviosito questás… y llega después de mil y una vuelta, finalmente, a la Moby Dick, raspando la hora.
Qué encanto de gente hemos conocido en Madrid (Pablo, Daniel, Julio, Txema, los Still Nasty, los vecinos Autómatas, y los 57 grados que tengo una chapita de esta gente mu chula). Y ponte a sonorizar mientras que llega una mirada tranquila cargada con dos cajas de cedés, que podrÃan ser nuestras hijas y nosotras que no nos lo creÃamos. A punto de liarla, nos olvidamos en plena prueba de que estábamos en un escenario y nos abalanzamos sobre las cajas para verle la cara a tres años de trabajo en un CD.
Llegado el momento ponte a tocar. La cara de la gente lo decÃa todo, ¿qué coño está tocando esta gente que tanto me gusta? (con esa medio sonrisa de estar agusthitho). Nosotros nos oÃmos perfecto, pero es que además estuvimos disfrutando cada momento, cada instante, plantándole cara a los maleficios de la Luna que tanto incomodan cuando quieren, pero ante los cuales nos mostramos tan fuertes que ciertamente de nuestras manos nacieron cabezas. Luego allà estuvimos escuchando a los compañeros y hablando con unos y con otros hasta que nos fuimos a dormir a la felicidad, que indudablemente estaba acunada en nuestros estómagos o cerca de ellos. Dormir, a casa de Lara (que la pobre nos estaba esperando a las tantas).
Un adelanto de los vÃdeos que prometen salir de aquella noche, aquÃ.
Sábado 24, Sala La Resistencia (Barcelona)
A la mañana siguiente nuestros ojos despertaron en un castillo blanco lleno de maravillosas manchas enmarcadas, todos los que viven en aquella casa son artistas (y magos) asà que después del desayuno nos enseñaron la casa como si fuera un museo con dormitorios. Hasta pronto Lara, y gracias por la hospitalidad tan sincera. Y nos vamos a Barcelona (seis horas más).
Casi sin darnos cuenta nos metemos en un cuento de miedo, que a las cinco ya era de noche y con Luna llena y las nubes negras. Pero el maleficio no consigue tampoco incomodarnos hoy, lo superamos con sonrisa. Llegamos a la sala (antes llamada la Repu), sonorizamos, comemos, … poca gente pero amiga, eso sÃ. Y tocamos entendiéndonos, mirándonos, con complicidad, seguros de que no habrÃa maleficio que nos pudiera amenguar.
Una vez terminado el concierto nos reunimos con amigas: el Masca, la Inés, la amiga de Alicia, Edu, Alfonso, … y Tito (amigo de Emilio, y ya de todas) nos dice que nuestra música está “bordá a mano”, creo que es lo más bonito que jamás nos han dicho, termina explicando “que en cada puntá hay mucho corazón”.
Esta noche dormimos en casa de Inés y Jose, que la niña nos hizo dos bizcochos pa desayunar (muy ricos por cierto, qué apañá que eres). Y nos despedimos para viajar durante once horas un poco perdidos, con el regustillo amargo del cansancio mezclado con el de haberlo pasado genial.
Y colorÃn colorado… este cuento se ha acabado ¿quieres que te cuente el cuento de la Buena Pipa?