El fin de semana y el viaje de reencuentro con nosotros mismos comenzó el viernes, a eso de las seis de la tarde. A aquella hora ya empezaron a moverse las sillas inquietas de los culos aletargados de los tripulantes. Habían pasado cuatro meses desde el último concierto y teníamos muchas dudas y expectativas puestas en los dos días siguientes.
Al llegar la conversación fue amena, agradable (un gusto la sencillez y cariño de Los Vecinos, como siempre), los problemas se fueron solucionando (pobre Loco del Sombrero…), los sonidos fueron cogiendo color (gracias, Marcos; siempre gracias, Herrera) y todo quedó listo tras la cerveza bebida de un solo trago, sin tiempo casi para más. La ciudad, convertida en capital de la fiesta callejera embotellada, apenas se inmutó de lo que acontecía en La Telonera. El local previsiblemente no abarrotado, pero cómodo y cálido por momentos, esperaba el comienzo del repertorio de los dos grupos. Fue un concierto limpio, sin más. Una mera prueba, un ensayo con público después del periplo antártico-americano de la más viajera de los nuestros. La gente respondió a tirones (gracias familia y Trasiego) y hubo buenos comentarios al final. Pero nada más. Los Vecinos sí, presentaron su disco, lo regalaron, movieron al público con ese sonido que caracteriza al mestizaje granadino. Ambiente plácido, y mucha alegría de estar con ellos en la presentación de su nuevo disco Bien metida ya la madrugada, y con la música todavía de fondo, nos despedimos de unos y de otros, prometiendo vernos pronto y haciendo estallar en la calle (literalmente) la alegría de volver a estar juntos.
El despertador sonó demasiado pronto por la mañana. De hecho, ni sonó, pero tampoco hizo falta, pues estaba ahí, dentro metido en el pecho, el pellizco del día D. Rápidos cogimos carretera, pero se nos olvidó la manta y hubo que volver a por ella. Ahora sí: carretera y manta y CD´s dentro y nos vemos en Sevilla y olé, en el CAT, donde habíamos quedado con todas las personas implicadas y allí a montar, ensayar corriendísimo y ver qué es lo que falta y qué nos queda y ultimar detalles del vídeo, entradas, salidas, vestuario, en frente un gran espejo que nos mostraba disfrutando de ese momento y venga y soltamos las cosas y comemos algo: bernardito, yo quiero bernardito y cómete tú esto que tiene gambas y a mí la cerveza ya se me ha subido y mira este con el 87 y corre.
Corre que si no llegamos tarde a Malandar y nos gustó mientras montamos, probamos sonido, y tururú con el Paquito y es casi imposible pero cierto y cada paso es un nuevo objetivo conseguido y la cosa fluye que da gusto a pesar de lo difícil de organizar este tinglado con más de veinte personas implicadas directa o indirectamente y qué guapo suena todo mientras ellas jo qué sueño y es que vaya día que llevamos, pero corre, que mientras salís para la efnac que nos lleva la amiga Alicia ydóndeestaeso nosotros vamos probando y ya luego por avenida de la y así ya nos reunimos y cincoeuros cóbrese hagaustélfavor constitución… La calle Sierpe, inyectada de personas compradoras, parece ajena a todo lo que ocurre a tu alrededor, pero hay días en que el mundo, a ratos, te mira de reojo.
Pequeño formato: guitarra, clarinete y voz. Suena, suena muy bien. Esto está por explotar. Es que no tiene nada que ver con cómo se te oye cuando estamos todos y… Lombriz, copyleft, algún que otro emocionado y algún sorprendido. Hubo feeling indudablemente y eso hizo que nos relajáramos un poco para improvisar y ventas de estraperlo. Por cierto, ¿hemos comentado que tocamos en Malandar a las diecitreinta?
Vuelta a la sala y a ir resolviendo: mientras terminamos de sonorizar, los bocadillos (que de madrugada, otra vez la madrugada, se mostrarían insuficientes) en la puerta - ¡que pasen!, indica alguien. Y pasaron y Ramón concentrado y concentrando, dando los últimos retoques e instrucciones (perfecto) y así, como si nada, sin darnos cuenta comenzó todo con la voz dulce y penetrante, implacable, de Mª Alfonsa Rosso y desde aquí son complicadas las palabras y no habrá imágenes que lo muestren como lo sentimos dentro. Fue la conjunción del orden y el caos, la cuadratura del círculo, una sonrisa perfecta al final de la noche a pesar de la falta de las fotos felices en la escena. Obra total, dijeron unos; concierto no, espectáculo, dijeron otros. La Barca nunca fue tan grande, por cantidad y por calidad. Afuera el mundo se convirtió por un instante en un juguete divertido que nos hizo las niñas más felices del mundo. Muchas emociones fuertes, mucho bailoteo, mirándonos desde dentro y desde fuera. La poesía de La Palabra Itinerante nos abrazó en el momento preciso, la danza de Arturo y Raquel fue como una tierna caricia, Pilar estuvo estupenda, y el vídeo de Óscar nos encantó… Y comenzó la recta final, la Aprendiz casi se nos casa, Ali y Bosco moviendo al personal con la versión que montamos de su tema “Marifé”, terminó el concierto con los Monstruos y nos fuimos a camerinos sin creernos todo aquello que había ocurrido.
Como nos pidieron bis, no hubo más remedio que tocar la Lombriz, y el Emilio casi se sale del pellejo contando el cuento. Para acabar Ni Pensarte acompañado de un magnífico vídeo de Luis Macera.
Música con palabra, luz, concepto, versos, vasos y alegría: todo junto, con Diego al sonido, Valentín a las luces y Marta con los vídeos, bien mezcladito con el ron que se acaba por partida doble en el camerino, un reguero de gente que entra y sale y entra y comenta y ríe y sin darnos cuenta nos dan de nuevo las tantas y vámonos a casa y allí la lasaña y alguno que se duerme y abre otra cerveza ahora que puedo y zzz… Los vapores del alcohol se van disipando en la oscuridad lentamente, mientras se dibuja un GRACIAS y una sonrisa en los labios. Por fin el cansancio y el sueño vencen a la euforia.
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Lo prometido es deuda y el Escucha nos deleita con una fatal versión de Bona. Anoche te salió mejor, caaaabrón, piensa o señala alguno con el ceño fruncido mientras despereza. Mientras vamos a buscar calentitos escondidos tras un disfraz de aparente churro que no aparece por ninguna parte. Carrascal -diozanto- con café y Granada 74 y vamos para Sanlúcar, que nos espera la gran “parrillada”. Nunca se vio –nunca vimos- tanto Parrilla junto y tan bien avenidos. Keko jamás vio tanta comida. Besos, abrazos, regalos, antes de que el viento y las nubes desalojen el lugar con una tormenta que nunca llega. Acabamos por salir los últimos, aunque deberíamos haber sido los primeros. Tres horas más, sólo tres horas más que se amenizan con la ensaladilla y un café, el cristal de las gafas que se vuela, el tráfico de vuelta. Y la noche. Un abrazo colectivo, un círculo de fuerza nos convoca. Ahora sí. Ya sí puede. Que llueva la noche, que limpie la semana, que descanse, que refresque.