Un gato hexagonal
Tengo el gato hexagonal: un lado es de color verde, es como una colina al atardecer. Se une al lado siguiente por un pequeño puente. Un puente casi sin luz a cualquier hora del dÃa, en silencio siempre. La sombra del puente es el tercer lado, todo es negro ahÃ. En el cuarto lado del gato hace sol. En ese lado tiene los ojos. Hay allà unos árboles, un camino que se pierde en el lado quinto, pero no veo los ojos, quizás estén entre las hojas brillantes de ese pequeño roble. En el quinto recodo oigo una voz de mujer y me habla esto: -No tengo miedo de vivir aquÃ. El cuerpo de la mujer es el quinto lado. El sexto es su alma, no entre ventanas o rejas. Paseo y me muevo por y entre las aristas y sitios de este animal, sin decirle que estoy aquÃ.
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Yo tenÃa uno asÃ, normalito, de esos en tres o cuatro dimensiones (no supe yo nunca mucho de estas cosas…). Un dÃa un coche lo dejó plano, parecido a un lenguado o un cuadro de Picasso. Le costaba un poco más andar, pero era la alegrÃa y la envidia (sana) de todo el barrio. El problema lo tenÃa los dÃas de viento, en que se alzaba hasta el cielo y se perdÃa en la lejanÃa. Le costaban luego dÃas y dÃas para volver a casa. En fin, un dÃa se marchó con una linda eriza de púas tronchadas que conoció en una de sus travesÃas, en un camino de las afueras. Les unÃan muchas cosas a ambos animales… Mandaron una postal desde su nueva casa, al borde de una autopista, en una capital de provincias. Son felices.