Instrucciones para grabar otra demo (Parte 3.1): primera jornada o de cómo el Chamán nos descubrió
Aquella mañana, cuando empezó a despuntar el sol (o casi), nos sobresaltamos al ver aquella silueta que se acercaba, a pesar de la suavidad con que aquel personaje nos despertó. Rápidamente el Alquimista nos explicó que aquella aparición de lo que creÃmos un ángel, por su larga túnica blanca y por sus alas aún plegadas en su espalda, era el Chamán, quien nos iba a ayudar y aconsejar con su experiencia en los designios más inmediatos de La Barca.
Sua le ladró un poco al principio, pero pronto vio cómo jugaba con Nuke, y pensó en su cabeza de perro milenario que aquel ser que jugaba con su cachorro no podÃa ser perverso. Indi, por su parte, seguÃa mirando recelosa, dejando escapar algún que otro gruñido, a los pies de la Aprendiza, que le golpeaba levemente en el hocico, censora.
Mientras desayunábamos aquella mañana nos dimos cuenta de que algo bueno iba a pasar. Algo más tarde conocimos al Tremendo Forzudo, un hombre grande en el buen y gran sentido de la palabra, que guardaba aún su magia en el bolsillo de un ceñido pantalón, respetuoso, paciente y locuaz en sus bromas y comentarios (la Aprendiza aún se está riendo de su conexión telefónica…).
Tras las cuestiones técnicas de rigor, la aparición de los duendes del bombo, su infructÃfera búsqueda, la prueba de todo y su desaparición desapercibida, el Negro y el Sastre comenzaron a marcar las pautas al resto a golpe de martillo neumático, mientras la Aprendiz de Hechicera nos guiaba con su luz. En esos momentos comenzaron a salir radios de nuestros ojos, que al chocar con los de los demás, creaban momentos únicos. El Chamán, callado y observador, logró convencernos con un par de movimientos y un leve gesto de su mano derecha. El Forzudo entró en la dinámica sin mayor problema. El genio fluÃa…
El dÃa pasaba largo e intenso. En aquella cueva el tiempo no pasaba, mientras que en el exterior tres largos dÃas con sus noches se iban consumiendo. Pero allà dentro no, en la Cueva de los Peligros se seguÃa produciendo a una velocidad de caracol vertiginoso, un tiempo aceleradamente pausado, un dardo nunca lanzado…
Tras la aparición de la Encantadora de Serpientes, que llegó, nos besó a todos en la frente y se marchó tal y como vino, echamos una breve y profunda siesta, en la que nos refugiamos por un infinito instante.
